El más alarmante es el colapso total de la infraestructura sanitaria, que deja a aproximadamente 740.000 personas en una situación de extrema vulnerabilidad, expuestas incluso a inundaciones tóxicas. La población sigue sufriendo las consecuencias directas del conflicto, con reportes de más muertes debido a ataques de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y a tragedias secundarias, como un incendio en tiendas de campaña para desplazados en la ciudad de Gaza. Este sombrío panorama se ve agravado por la reciente decisión de Israel de prohibir la entrada y operación de 37 ONG internacionales, lo que limita aún más el acceso a servicios básicos y asistencia vital. La combinación de la destrucción física, el colapso de los servicios públicos y las crecientes restricciones a la ayuda humanitaria ha creado un ciclo de sufrimiento que amenaza con profundizarse, dejando a la población de Gaza atrapada en una crisis sin una solución visible a corto plazo.