En 2024, Israel prohibió operar en su territorio a la agencia de la ONU para los refugiados palestinos (UNRWA), una medida drástica con profundas implicaciones humanitarias. La decisión se basó en acusaciones de que algunos empleados de la agencia estuvieron involucrados en el ataque del 7 de octubre de 2023. Durante décadas, UNRWA ha sido el principal proveedor de servicios esenciales para los refugiados palestinos, incluyendo educación, salud y ayuda alimentaria. Su expulsión ha creado un vacío masivo en la respuesta humanitaria, especialmente en Gaza, donde una gran parte de la población dependía de sus servicios para sobrevivir.
Esta prohibición fue el preludio de restricciones más amplias, como el posterior veto a otras 37 ONG internacionales.
La marginación de UNRWA no solo afecta la distribución de ayuda, sino que también desmantela una infraestructura de asistencia establecida durante mucho tiempo. Las acusaciones de Israel, aunque graves, han sido cuestionadas por quienes ven la medida como parte de un esfuerzo más amplio por debilitar las instituciones que apoyan a los palestinos y su estatus de refugiados. En la práctica, la ausencia de UNRWA agrava la ya catastrófica situación humanitaria, dejando a otras organizaciones, ahora también restringidas, con la tarea imposible de cubrir las necesidades de una población devastada.
En resumenLa prohibición de Israel a UNRWA, fundamentada en graves acusaciones de seguridad, ha eliminado un pilar fundamental de la ayuda humanitaria en Gaza, exacerbando la crisis y dejando un vacío de asistencia casi imposible de llenar.