Tras dos años de guerra, miles de familias palestinas ya viven como desplazadas dentro de su propio territorio, sobreviviendo en campamentos improvisados y en condiciones precarias. La combinación de la crisis de desplazamiento existente y los rumores sobre planes de expulsión a gran escala crea un clima de extrema ansiedad e incertidumbre, alimentando la narrativa de que el objetivo final del conflicto podría ser una alteración demográfica permanente de la Franja de Gaza.