Israel lo cita como la justificación principal para sus posteriores acciones militares y de seguridad, incluyendo la guerra de dos años y las severas restricciones impuestas a la Franja. Este suceso es explícitamente mencionado como la razón detrás de la decisión de Israel en 2024 de prohibir las operaciones de la UNRWA, la agencia de la ONU para los refugiados palestinos. La acusación de que algunos de sus empleados participaron en el ataque sirvió para marginar a un actor humanitario clave en la región. La ofensiva militar que siguió, descrita como una guerra de dos años que culminó en un frágil alto el fuego en 2025, fue presentada por Israel como una respuesta directa y necesaria a dicha agresión. Las consecuencias de esta guerra han sido devastadoras para la población de Gaza, resultando en una crisis humanitaria catastrófica. Por lo tanto, el ataque del 7 de octubre no solo marcó el inicio de las hostilidades, sino que también ha sido utilizado para legitimar un endurecimiento de las políticas israelíes hacia Gaza, con un impacto profundo y duradero en la vida de millones de palestinos.