Un frágil alto al fuego, impulsado por la presión de Washington en 2025, ha puesto una pausa a dos años de guerra entre Israel y Hamás. Sin embargo, la vida cotidiana en Gaza está lejos de normalizarse, con miles de familias luchando por sobrevivir en un entorno devastado y sin perspectivas claras de reconstrucción. Aunque el cese de hostilidades ha detenido los bombardeos, las secuelas del conflicto son visibles en cada aspecto de la vida en la Franja. La población enfrenta una aguda crisis humanitaria, caracterizada por la falta de vivienda, servicios básicos y seguridad.
Miles de familias palestinas residen en campamentos improvisados, a menudo inundados y en condiciones insalubres, luchando por sobrevivir en medio del barro.
El panorama es desolador, con una infraestructura sanitaria completamente colapsada y la amenaza constante de inundaciones tóxicas que afectan a cientos de miles de personas. Las promesas de reconstrucción, cruciales para una recuperación a largo plazo, aún no se han materializado, dejando a la población en un limbo de incertidumbre. La presión diplomática que condujo al alto el fuego no se ha traducido todavía en un plan de ayuda y reconstrucción a gran escala, lo que perpetúa el sufrimiento y la precariedad de los habitantes de Gaza.
En resumenEl alto el fuego en Gaza es precario y no ha traído consigo una mejora sustancial en las condiciones de vida. La población sigue sumida en una grave crisis humanitaria, a la espera de una reconstrucción que no llega.