Miles de familias palestinas residen en campamentos improvisados, a menudo inundados y en condiciones insalubres, luchando por sobrevivir en medio del barro.

El panorama es desolador, con una infraestructura sanitaria completamente colapsada y la amenaza constante de inundaciones tóxicas que afectan a cientos de miles de personas. Las promesas de reconstrucción, cruciales para una recuperación a largo plazo, aún no se han materializado, dejando a la población en un limbo de incertidumbre. La presión diplomática que condujo al alto el fuego no se ha traducido todavía en un plan de ayuda y reconstrucción a gran escala, lo que perpetúa el sufrimiento y la precariedad de los habitantes de Gaza.