Las facciones palestinas, con Hamás a la cabeza en la Franja de Gaza, son actores centrales en el desarrollo del conflicto, cuya estrategia y objetivos a menudo chocan con los de la comunidad internacional e Israel. Su capacidad de resistencia y respuesta militar define en gran medida la dinámica de la confrontación en el terreno. La reacción de Hamás a las declaraciones del ministro de Defensa israelí, Israel Katz, sobre la no retirada de Gaza, demuestra su atención constante a los movimientos políticos de Israel y su disposición a responder. Históricamente, el movimiento de liberación palestino ha evolucionado. La Organización para la Liberación de Palestina (OLP), liderada en su momento por Yasir Arafat, tenía como meta principal la eliminación de Israel y la consolidación de un Estado palestino en toda la región. Aunque los Acuerdos de Oslo de 1993 supusieron un reconocimiento mutuo entre Israel y la Autoridad Palestina, facciones como Hamás nunca aceptaron plenamente dichos acuerdos y han mantenido una postura de resistencia armada.
Esta postura se manifiesta en conflictos recurrentes y levantamientos populares como las "intifadas".
En el contexto actual, la respuesta de Hamás a las políticas israelíes, ya sean militares o de asentamientos, es un factor determinante. Mientras Israel justifica sus operaciones en Gaza como una lucha contra el terrorismo, para Hamás y sus seguidores, sus acciones son una respuesta legítima a la ocupación y el bloqueo.
Esta divergencia fundamental de narrativas es uno de los principales obstáculos para cualquier negociación de paz, ya que ambas partes operan bajo premisas y objetivos que son, en su mayoría, irreconciliables.
En resumenLas facciones palestinas, particularmente Hamás, juegan un rol crucial en el conflicto, respondiendo a las acciones israelíes con resistencia armada. Su postura, arraigada en una larga historia de lucha contra la ocupación, choca frontalmente con los objetivos de seguridad de Israel, perpetuando el ciclo de violencia.