Sin embargo, desde la perspectiva israelí, es preferible que el régimen islámico "no tenga oportunidad de recuperarse". Esta dinámica de acción y reacción alimenta una carrera armamentista y una escalada de amenazas que va más allá de la retórica. Un conflicto abierto entre Israel e Irán tendría consecuencias catastróficas para Oriente Medio, con el potencial de involucrar a otros actores estatales y no estatales, y de impactar directamente en la seguridad energética global. En este contexto, la guerra en Gaza puede ser vista por ambos bandos como un frente más en su lucha por la hegemonía regional, donde las facciones palestinas y otros grupos son apoyados por Irán como parte de su estrategia de "guerra por delegación" contra Israel y sus aliados.