Mientras Washington impulsa planes de paz, sus acciones y las de sus aliados a menudo se enfrentan a la realidad de un conflicto donde las resoluciones de la ONU son sistemáticamente ignoradas. Estados Unidos se posiciona como el principal mediador, promoviendo un plan para el futuro de la Franja de Gaza. Sin embargo, este plan se ve desafiado por las declaraciones y acciones de su principal aliado en la región, Israel. Las afirmaciones del ministro de Defensa israelí, Israel Katz, sobre la no retirada de Gaza, contrastan directamente con los objetivos de la diplomacia estadounidense. Históricamente, el apoyo de EE. UU. a Israel ha sido un pilar de su política exterior, desde el reconocimiento casi inmediato del Estado en 1948. Por otro lado, el sistema de las Naciones Unidas ha intentado establecer un marco legal para la resolución del conflicto. La Asamblea General de la ONU ha aprobado numerosas resoluciones, como la 44/240 que, en un contexto diferente (la invasión de Panamá), calificó una intervención militar como una "flagrante violación del derecho internacional". Sin embargo, en el caso de Palestina, se denuncia que estas resoluciones se acumulan sin consecuencias reales para el infractor, especialmente cuando cuenta con el respaldo de una potencia hegemónica. Esta dinámica crea un escenario de impunidad, donde la legalidad internacional existe en el papel, pero no se aplica en la práctica, dejando a los palestinos en una situación de vulnerabilidad y perpetuando el ciclo de violencia sin una supervisión internacional efectiva.