Los esfuerzos diplomáticos para poner fin a la guerra en Gaza enfrentan serios desafíos, mientras se debate una segunda fase del plan de desescalada y, al mismo tiempo, la violencia persiste en el terreno. La frágil tregua se ve constantemente amenazada por nuevos ataques y un creciente número de víctimas, lo que pone en duda la viabilidad de una paz sostenible. Por un lado, se informa que están comenzando las consideraciones para una "segunda fase del plan de desescalada", un indicio de que los canales diplomáticos siguen abiertos. Estos diálogos buscan consolidar los primeros signos de una "frágil normalidad" que ha intentado emerger en Gaza.
Sin embargo, este optimismo se ve contrarrestado por la cruda realidad sobre el terreno.
Las autoridades palestinas han denunciado que al menos 400 personas han muerto en Gaza desde el inicio de la tregua, una cifra que, de confirmarse, representaría una violación masiva de cualquier acuerdo de cese de hostilidades. Además, Israel ha continuado lanzando ataques aéreos sobre Gaza y la ciudad de Rafah, lo que demuestra que las operaciones militares no se han detenido por completo.
Esta dualidad entre el diálogo y la confrontación crea un escenario de incertidumbre. Mientras los mediadores internacionales intentan avanzar en un plan de paz, las acciones militares de Israel y la respuesta de las facciones palestinas amenazan con hacer descarrilar todo el proceso, dejando a la población civil atrapada en un ciclo de violencia sin un final claro a la vista.
En resumenA pesar de los debates sobre una nueva fase de desescalada, los esfuerzos de paz en Gaza se ven socavados por la continuación de las hostilidades, incluyendo ataques aéreos israelíes y un alto número de muertes reportadas desde el inicio de la tregua.