Sin embargo, este optimismo se ve contrarrestado por la cruda realidad sobre el terreno.

Las autoridades palestinas han denunciado que al menos 400 personas han muerto en Gaza desde el inicio de la tregua, una cifra que, de confirmarse, representaría una violación masiva de cualquier acuerdo de cese de hostilidades. Además, Israel ha continuado lanzando ataques aéreos sobre Gaza y la ciudad de Rafah, lo que demuestra que las operaciones militares no se han detenido por completo.

Esta dualidad entre el diálogo y la confrontación crea un escenario de incertidumbre. Mientras los mediadores internacionales intentan avanzar en un plan de paz, las acciones militares de Israel y la respuesta de las facciones palestinas amenazan con hacer descarrilar todo el proceso, dejando a la población civil atrapada en un ciclo de violencia sin un final claro a la vista.