Tras años de silencio y solidaridad con el sufrimiento de Gaza, la ciudad decidió este año retomar las celebraciones, no como una fiesta, sino como una forma de proyectar "esperanza" al mundo y a sus propios habitantes. El padre Ibrahim Faltas relató la alegría de los niños en las calles, un destello de normalidad en un contexto de crisis. Sin embargo, la ausencia de turistas y peregrinos dejó las calles y plazas inusualmente vacías, reflejando la grave crisis económica que atraviesa la ciudad. El vicario general del Patriarcado latino de Jerusalén, William Shomali, resumió el sentir general al afirmar que "cuando no hay paz, queda la esperanza de alcanzarla". La Navidad de 2025 en Tierra Santa se convirtió así en un poderoso símbolo: una llama de fe que se niega a extinguirse, recordando al mundo la urgente necesidad de una paz justa y duradera para todos los pueblos de la región.