La resolución del conflicto está intrínsecamente ligada al destino de Hamás. El grupo sigue siendo un actor relevante, como lo demuestra su reacción a las declaraciones del ministro de Defensa israelí, Israel Katz, sobre el futuro de la Franja. La postura de Hamás frente a los planes de Israel y las propuestas internacionales es un factor determinante para el avance de cualquier negociación. Por otro lado, desde la perspectiva de Israel y algunos de sus aliados, la paz es inviable sin la neutralización de la amenaza que Hamás representa. Esta posición fue articulada claramente por el político estadounidense Rubio, quien afirmó de manera contundente que "sin el desarme de Hamás no habrá paz". Esta declaración refleja una condición que probablemente forma parte central de la estrategia de negociación de Israel y Estados Unidos, y que consiste en exigir la desmilitarización completa del grupo como requisito previo para cualquier acuerdo a largo plazo. Este punto muerto —la existencia de Hamás como actor político y militar y la exigencia de su desarme— constituye uno de los mayores obstáculos para alcanzar una solución sostenible, ya que toca el núcleo del poder y la seguridad de ambas partes.