Sin embargo, su postura se enfrenta a la complejidad de las dinámicas regionales y las acciones de sus aliados.
La implicación estadounidense es visible en múltiples frentes.
El enviado especial para Medio Oriente, Steve Witkoff, lidera las conversaciones con Egipto, Qatar y Turquía para avanzar en la segunda fase de la tregua, buscando una solución que incluya una "autoridad gazatí unificada". Esto demuestra el interés de Washington en diseñar una estructura de gobernanza posconflicto.
Sin embargo, la influencia estadounidense encuentra límites.
Las declaraciones del ministro de Defensa israelí, Israel Katz, sobre no retirarse de Gaza y establecer unidades militares, contrastan directamente con el plan de Estados Unidos para la Franja, evidenciando tensiones incluso con su principal aliado. Además, la política interna estadounidense también moldea el conflicto; una figura política como Rubio ha afirmado que "sin el desarme de Hamás no habrá paz", estableciendo una condición estricta que podría complicar las negociaciones. Por otro lado, medios estadounidenses han reportado sobre amenazas israelíes de un posible nuevo ataque contra Irán, lo que indica que la diplomacia de Washington también debe lidiar con la posibilidad de una conflagración regional más amplia, en la que Israel podría actuar de manera unilateral.













