La ciudad, dependiente del turismo y los peregrinajes, sufre las consecuencias del conflicto, reflejando el dolor compartido y la interconexión de los territorios palestinos. Durante dos años de guerra, Belén ha experimentado su "mayor crisis económica" debido a la ausencia total de turistas y peregrinos, que son el motor de su economía. El impacto no es solo material; el artículo señala que la ciudad "sentía el dolor de Gaza y se oponía a festejar ante la muerte de sus compatriotas". Aunque en la Navidad de 2025 Belén ha optado por proyectar un mensaje de "esperanza", lo hace en un contexto donde la violencia no ha cesado ni en la Franja ni en Cisjordania.
Esta conexión es reforzada por las palabras del vicario general del Patriarcado Latino de Jerusalén, quien habló del "drama que vive la población de Gaza y Cisjordania", mencionando problemas compartidos como el desempleo y el miedo. Esto evidencia que el conflicto no está contenido en Gaza; sus efectos se expanden, afectando la estabilidad social, económica y emocional de toda la población palestina en la región, demostrando que la paz y la prosperidad de ambos territorios están intrínsecamente ligadas.











