Organizaciones internacionales alertan sobre el riesgo mortal que enfrentan los desplazados, especialmente los niños, por las bajas temperaturas y las precarias condiciones de vida.

La escala de la devastación es inmensa.

Según el vicario general del Patriarcado Latino de Jerusalén, el 80 % de los edificios en Gaza han sido destruidos. Esta destrucción generalizada es el telón de fondo de la "emergencia invernal" denunciada por la ONU, que obliga a innumerables palestinos a vivir en edificios dañados con el constante riesgo de derrumbes repentinos.

La situación es particularmente grave para los más vulnerables; Médicos Sin Fronteras ha alertado que cada vez más niños mueren a causa del "brutal invierno".

La falta de refugios seguros, combustible para calefacción, ropa de abrigo y acceso a servicios básicos convierte las bajas temperaturas en una amenaza directa para la vida. Esta crisis de refugio no solo expone a la población a los elementos, sino que también complica todos los demás aspectos de la respuesta humanitaria, desde la distribución de alimentos hasta la atención médica, en un entorno ya de por sí catastrófico. La lucha por la supervivencia se ha convertido en una batalla diaria contra el hambre, la enfermedad y ahora también contra el frío.