La situación alimentaria en la Franja de Gaza presenta un panorama complejo. Un observador global del hambre revirtió su declaración de hambruna, una mejora atribuida a la reducción de ataques israelíes y un mayor acceso a alimentos durante la tregua. Sin embargo, la crisis está lejos de terminar. Según el secretario general de la ONU, António Guterres, más del 75 % de la población, equivalente a 1,6 millones de personas sobre un total de 2,2 millones, sigue enfrentando altos niveles de inseguridad alimentaria aguda. Un portavoz de las Naciones Unidas calificó la situación como una “grave emergencia alimentaria” que afecta a 1,5 millones de gazatíes, advirtiendo que el riesgo de hambruna podría persistir hasta abril de 2026.
Esta vulnerabilidad se enmarca en un contexto donde, en agosto, la hambruna ya había sido declarada, causando 185 muertes por inanición ese mes.
La mejora actual es, por tanto, frágil y su sostenibilidad depende directamente de la continuidad del alto el fuego y del ingreso de ayuda humanitaria, factores que permanecen inciertos.












