Este clima de desconfianza mutua tiene consecuencias prácticas graves.

Dificulta la coordinación de la ayuda humanitaria en Gaza, pone en riesgo al personal de la ONU sobre el terreno y debilita la mediación diplomática. El asalto a la UNRWA es visto por la ONU no solo como un ataque a una agencia, sino como un desafío al ordenamiento jurídico internacional que la propia ONU representa. Esta escalada verbal y de acciones directas amenaza con aislar a Israel en la escena internacional y, al mismo tiempo, reduce la capacidad de la ONU para influir positivamente en la resolución del conflicto, dejando a la población civil palestina en una situación de mayor vulnerabilidad.