La negativa del grupo a entregar sus armas constituye el principal obstáculo para una solución política a largo plazo según Israel y sus aliados.

Las recientes propuestas de Hamás de congelar su armamento han sido recibidas con escepticismo por quienes exigen su desmilitarización completa como condición no negociable para la paz.

Desde la perspectiva israelí, permitir que Hamás conserve cualquier capacidad militar, incluso si está inactiva, representa una amenaza existencial latente que podría reactivarse en el futuro.

Por ello, el desarme total es un pilar de su política de seguridad.

Por otro lado, Hamás argumenta que sus armas son una herramienta de disuasión y defensa necesaria frente a la ocupación y las agresiones israelíes.

Renunciar a ellas sin garantías de seguridad sólidas y un Estado palestino viable sería, desde su punto de vista, una capitulación.

Este choque de posturas antagónicas se encuentra en el corazón del conflicto.

Los artículos señalan que Hamás “rechaza el desarme total”, pero su disposición a discutir un “congelamiento” indica una posible, aunque limitada, flexibilidad.

El debate, por tanto, no es solo militar, sino profundamente político, y está ligado al futuro estatus de Gaza, al levantamiento del bloqueo y a la viabilidad de una solución de dos Estados.