El alto el fuego en la Franja de Gaza, que lleva casi dos meses en vigor, se encuentra en un estado de fragilidad extrema. A pesar de la reducción de las hostilidades a gran escala, la violencia persiste, como lo demuestra el hecho de que más de 350 palestinos han muerto desde el 10 de octubre. La situación para la mayoría de los habitantes de Gaza sigue siendo "desesperada", lo que evidencia que el cese de las hostilidades no ha resuelto la crisis humanitaria subyacente. En este contexto, el primer ministro de Qatar advirtió que la tregua "no puede considerarse completa" sin una "retirada total" del ejército israelí, una condición que se alinea con un plan de paz respaldado por Washington y la ONU. Esta demanda subraya la visión de que una paz duradera no puede lograrse únicamente con la ausencia de combates, sino que requiere una resolución de las causas profundas del conflicto, incluyendo la ocupación. Por su parte, el líder de Hamás en Gaza, Khalil al-Hayya, ha manifestado que el grupo estaría dispuesto a entregar sus armas a una futura Autoridad Palestina y aceptar una fuerza de supervisión de la ONU, pero solo "si termina la ocupación". Esta postura condiciona el desarme a una solución política integral, rechazando cualquier misión que tenga como único objetivo desarmar al grupo sin abordar la cuestión de la ocupación israelí. Estas declaraciones revelan la complejidad de las negociaciones y la distancia que aún existe entre las partes para alcanzar una solución definitiva.