A pesar del acuerdo de alto el fuego, se han registrado múltiples violaciones por parte de ambas facciones, poniendo en peligro la frágil tregua y la vida de los civiles. Estas acciones, que incluyen disparos y bombardeos, demuestran la inestabilidad del cese de hostilidades y la profunda desconfianza entre las partes. Desde el inicio de la tregua, Hamás ha denunciado constantes violaciones por parte de Israel. Se reportó la muerte de al menos 30 palestinos por cruzar la llamada “línea amarilla”, una frontera impuesta por el ejército israelí dentro de Gaza. En uno de los incidentes más graves, las fuerzas israelíes abatieron a 11 miembros de una misma familia, alegando que representaban una “amenaza inminente”. Asimismo, se informó del bombardeo de dos barrios en la ciudad de Gaza en las horas posteriores a la firma del acuerdo.
Estas acciones son vistas por los palestinos no solo como incumplimientos, sino como una prueba de que Israel no tiene una intención real de avanzar hacia una paz genuina.
Por su parte, Israel también ha cruzado acusaciones contra Hamás.
La suma de estos incidentes alimenta el ciclo de violencia y socava la confianza en los mecanismos diplomáticos, dejando a la población civil atrapada en medio de un acuerdo que no logra garantizar su seguridad y que parece destinado a romperse ante la menor provocación.
En resumenLas frecuentes violaciones del alto el fuego, denunciadas por ambas partes, subrayan la extrema fragilidad del acuerdo. Sin mecanismos de verificación y una voluntad política real, la tregua permanece en un estado precario, con los civiles asumiendo el costo más alto de su fracaso.