Las cifras de víctimas mortales en la Franja de Gaza, que superan las 66.000 personas según múltiples informes, reflejan la escala devastadora de la ofensiva militar israelí. La destrucción de infraestructura civil, incluyendo hospitales, escuelas y viviendas, ha dejado un panorama desolador que define la realidad del enclave tras dos años de guerra. Los artículos coinciden en una cifra de muertos que oscila entre 60.000 y más de 67.000 palestinos, un número que ha catalizado la condena internacional y las acusaciones de genocidio contra Israel. Esta mortandad masiva, junto con los más de 140.000 heridos, evidencia el altísimo costo humano de la operación militar. La destrucción material es igualmente abrumadora: se estima que el 70% de Gaza ha sido reducido a escombros.
Viviendas, escuelas, hospitales, sitios religiosos y zonas cultivables han desaparecido bajo los bombardeos.
Además de la destrucción física, la Administración Netanyahu ha fraccionado la Franja mediante corredores militares, alterando por completo su geografía y dificultando aún más la vida de sus habitantes. Esta estrategia de tierra arrasada no solo ha provocado una catástrofe humanitaria, sino que también plantea serias dudas sobre la viabilidad de una reconstrucción futura y la posibilidad de que la población gazatí pueda volver a tener una vida normal. La magnitud de la devastación es el argumento central de quienes critican la respuesta de Israel como desproporcionada y como un castigo colectivo contra el pueblo palestino.
En resumenEl asombroso número de víctimas palestinas y la destrucción generalizada de la infraestructura de Gaza son las características definitorias de este conflicto, alimentando el debate internacional sobre la proporcionalidad, los posibles crímenes de guerra y la viabilidad a largo plazo del territorio.