El componente central de la primera fase del acuerdo de paz es un intercambio escalonado de rehenes israelíes en poder de Hamás por prisioneros palestinos en cárceles de Israel. Esta medida, de alto contenido humanitario y político, ha sido celebrada con alivio por las familias de los cautivos y es la piedra angular del cese del fuego. El pacto estipula la liberación de 48 rehenes israelíes, de los cuales 20 se encontrarían con vida, a cambio de la excarcelación de unos 2.000 prisioneros palestinos. Para la sociedad israelí, la liberación de los rehenes ha sido una demanda prioritaria desde el ataque del 7 de octubre de 2023. La campaña “Bring them home now” (Tráiganlos a casa ya), visible en todo el país, ha ejercido una inmensa presión sobre el gobierno de Netanyahu para que negocie su regreso.
La noticia del acuerdo fue recibida con celebraciones entre los familiares, quienes han vivido dos años de incertidumbre y angustia.
Por otro lado, la liberación de prisioneros palestinos es una victoria significativa para Hamás y una demanda histórica del pueblo palestino, que considera a muchos de estos reclusos como prisioneros políticos.
Un artículo señala la enorme desproporción en el conflicto, contrastando los 48 rehenes israelíes con los 11.000 prisioneros políticos palestinos existentes.
Este intercambio, por lo tanto, no es solo una transacción humanitaria, sino un acto de profundo simbolismo político para ambas partes, que sirve como una medida crucial para generar la confianza necesaria para sostener la tregua y avanzar hacia futuras negociaciones.