Los precios del oro y la plata alcanzaron máximos históricos a finales de 2025, en un contexto de incertidumbre geopolítica y cambios en la política monetaria que ha impulsado a los inversores hacia activos refugio. Este fenómeno no solo ha beneficiado a los metales preciosos tradicionales, sino que también ha fortalecido la narrativa de Bitcoin como "oro digital" y ha acelerado el crecimiento de las materias primas tokenizadas. El oro superó la barrera de los US$4.500 por onza, registrando su mayor alza anual desde 1979, con un incremento del 68 % en 2025. La plata, por su parte, alcanzó los US$75 por onza, con una subida del 139 % en el año.
Según analistas, este repunte se debe a una combinación de factores, incluyendo la reducción de las tasas de interés en EE. UU., fuertes compras por parte de los bancos centrales y una mayor demanda de activos seguros ante las tensiones geopolíticas, como las acciones de EE.
UU. contra Venezuela.
El legendario economista Jim Rickards llegó a pronosticar precios de US$10.000 para el oro y US$200 para la plata en 2026. Este auge de los metales preciosos ha tenido un efecto indirecto en el mercado de criptomonedas. Por un lado, ha reforzado el interés en Bitcoin, que busca romper la barrera de los US$90.000 en un intento por consolidarse como una alternativa digital al oro. Por otro lado, ha impulsado el mercado de materias primas tokenizadas, que se acerca a los US$4.000 millones en valor total, ofreciendo a los inversores una forma más accesible y líquida de exponerse a estos activos a través de la tecnología blockchain.
En resumenEl histórico repunte del oro y la plata en 2025, impulsado por la incertidumbre económica y geopolítica, ha reafirmado su papel como activos refugio. Este fenómeno ha beneficiado indirectamente al ecosistema cripto, fortaleciendo la narrativa de Bitcoin como reserva de valor y catalizando el crecimiento del mercado de materias primas tokenizadas.