La dinámica del mercado estuvo fuertemente influenciada por indicadores económicos externos.

Un informe del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de EE. UU. más bajo de lo esperado inicialmente impulsó el precio de BTC, ya que los inversores anticiparon una postura menos restrictiva por parte de la Reserva Federal. Sin embargo, este optimismo fue contrarrestado por la debilidad en datos de empleo y la disminución de las probabilidades de recortes de tasas, lo que llevó a los inversores a buscar activos más seguros. La situación se complicó con la decisión del Banco de Japón de subir sus tasas de interés, una medida que históricamente ha sido bajista para activos de riesgo como las criptomonedas. Adicionalmente, la venta masiva de acciones de grandes empresas tecnológicas, impulsada por temores de una burbuja en el sector de la inteligencia artificial, también arrastró al mercado cripto. Analistas como Peter Brandt señalaron que la ruptura de la parábola alcista de Bitcoin aumenta la probabilidad de una corrección significativa. El mercado liquidó cientos de millones de dólares en posiciones largas y cortas, con movimientos abruptos que algunos observadores calificaron de “pura manipulación”, especialmente durante la apertura de Wall Street. La transferencia de 4.000 bitcoins por parte de una ballena a Binance generó temores adicionales de una caída más profunda si se perdían niveles de soporte clave, mientras que datos on-chain mostraron que ventas de entidades más grandes, por valor de 2.780 millones de dólares, eclipsaron las compras de los inversores minoristas.