El fenómeno no se limita a las stablecoins ancladas al dólar estadounidense.

Se observa un creciente interés en el desarrollo de alternativas locales, lo que refleja una tendencia hacia la soberanía monetaria digital.

En Japón, SBI Holdings y Startale planean lanzar una stablecoin regulada vinculada al yen para 2026. De manera similar, en Malasia, Standard Chartered y Capital A están explorando una stablecoin respaldada por el ringgit, mientras que en los Emiratos Árabes Unidos, el gigante de las telecomunicaciones e& ha mostrado interés en una stablecoin vinculada al dirham.

Esta expansión ha captado la atención de los gigantes financieros tradicionales. Visa, por ejemplo, ha lanzado un servicio de asesoría sobre stablecoins dirigido a bancos y empresas fintech, reconociendo la creciente presión de adopción en el sector de pagos. Mientras tanto, el Banco de México ha advertido sobre los riesgos de la fragmentación regulatoria global, que podría exponer a las stablecoins a tensiones de liquidez y arbitraje. A pesar de los debates sobre su uso, el crecimiento del mercado y la entrada de actores institucionales demuestran que las stablecoins se están convirtiendo en la "tubería silenciosa" de la infraestructura financiera moderna.