Esta dualidad entre innovación y regulación está definiendo el futuro de los activos digitales vinculados a monedas fiduciarias. En Europa, un consorcio de bancos españoles, incluido CaixaBank, anunció el próximo lanzamiento de Qivalis, una emisora de una stablecoin vinculada al euro, con el objetivo de comenzar a operar en 2026. En Oriente Medio, el gigante de las telecomunicaciones de los Emiratos Árabes Unidos, e&, firmó un acuerdo para explorar el uso de una stablecoin vinculada al dirham, y Circle, emisor de USDC, obtuvo una licencia financiera en Abu Dabi para operar como proveedor de servicios monetarios. En un movimiento similar, Western Union reveló planes para lanzar “tarjetas estables” diseñadas para economías con alta inflación.

Al mismo tiempo, el escrutinio regulatorio está en aumento.

El Banco de México advirtió en un informe de estabilidad que la fragmentación de las normas globales expone a las stablecoins a riesgos de liquidez, contagio y arbitraje regulatorio. En el Reino Unido, la Autoridad de Conducta Financiera (FCA) ha priorizado la regulación de los pagos con stablecoins vinculadas a la libra esterlina para 2026, buscando mantener la ventaja de Londres en las finanzas digitales.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) también ha expresado su preocupación por los riesgos asociados a estos activos.

Mientras tanto, la industria se defiende de las críticas, como las que sugieren que las stablecoins facilitan el lavado de dinero, argumentando que la transparencia de la blockchain a menudo las convierte en una herramienta menos atractiva para los delincuentes en comparación con el sistema financiero tradicional.