La caída de Bitcoin, que lo llevó a niveles cercanos a los US$84.000, fue descrita como su peor desempeño diario en aproximadamente un mes y contribuyó a que noviembre fuera uno de sus peores meses desde 2018. Varios analistas, entre ellos Arthur Hayes y Peter Schiff, atribuyeron la corrección principalmente a factores externos, destacando el aumento en los rendimientos de los bonos japoneses. La expectativa de que el Banco de Japón (BoJ) suba las tasas de interés fortaleció al yen y comprimió las operaciones de “carry trade”, lo que provocó una salida masiva de capital de activos de riesgo como las criptomonedas. Este fenómeno se sumó a un panorama macroeconómico global debilitado, con señales de desaceleración en Estados Unidos y Europa.
A nivel interno del mercado, la falta de volumen por parte de los compradores al contado (spot) impidió que Bitcoin superara la resistencia de los US$93.000, dejándolo vulnerable a una corrección. La caída abrupta, denominada por algunos como el “Domingo Negro” o “Sunday Slam”, provocó liquidaciones de posiciones largas por más de US$539 millones, lo que aceleró la espiral descendente. Las opiniones sobre el futuro inmediato están divididas: mientras algunos analistas prevén una corrección más profunda que podría llevar el precio a los US$80.000 o incluso por debajo, otros lo consideran un retroceso normal y necesario antes de un posible repunte más fuerte.










