Su modus operandi consistía en seleccionar a sus víctimas, principalmente ciudadanos extranjeros, mediante plataformas digitales.
Tras ganar su confianza, concretaban encuentros en hoteles o apartamentos de renta corta, donde una de las mujeres se encargaba de suministrarles sustancias psicotrópicas en las bebidas para dejarlos en estado de indefensión.
Una vez inconscientes, el resto del grupo procedía a realizar transacciones bancarias fraudulentas y a hurtar objetos de valor. La investigación se consolidó a partir de dos casos clave ocurridos en 2025: el robo a un ciudadano australiano, a quien le sustrajeron 180 millones de pesos en transacciones y 20 millones en pertenencias; y el ataque a dos estadounidenses en un apartamento de El Poblado, con pérdidas que ascendieron a 80 millones de pesos. Las capturas se efectuaron en Medellín y Cartagena.
Los detenidos enfrentan cargos por hurto calificado y agravado, y hurto por medios informáticos.
Un juez de control de garantías les dictó medida de aseguramiento en centro carcelario, al considerarlos un peligro para la sociedad.












