La violenta incursión provocó un fuerte intercambio de disparos que se extendió por varios minutos. La Segunda División del Ejército Nacional confirmó el asesinato de cuatro uniformados y señaló que otros siete militares resultaron heridos por esquirlas y la onda expansiva, quienes fueron evacuados a centros médicos de la región. La infraestructura de la instalación militar también sufrió daños significativos. Tras el atentado, el Ejército reforzó el dispositivo de seguridad en la zona y desplegó operaciones de control para asegurar el perímetro. Por su parte, la gobernadora del Cesar condenó el ataque y convocó a una Mesa Extraordinaria de Seguridad Urgente para evaluar la situación y coordinar la respuesta institucional. Este hecho se suma a la creciente ola de violencia atribuida a grupos armados en diferentes regiones del país.