En una decisión de trascendencia histórica, la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) calificó como genocidio los crímenes sistemáticos perpetrados contra los miembros del partido político Unión Patriótica (UP). La JEP imputó a cinco altos mandos militares retirados, entre ellos los generales Iván Ramírez Quintero y Rito Alejo del Río, como máximos responsables de crímenes de guerra y de lesa humanidad por su participación en este plan de exterminio. La investigación, enmarcada en el Macrocaso 06, determinó que entre 1984 y 2007 se cometió un ataque generalizado y sistemático para eliminar al partido, dejando un saldo de 5.729 víctimas de asesinato o desaparición forzada. Según la JEP, los militares imputados concibieron e implementaron una política contrainsurgente que equiparaba la lucha contra la guerrilla de las FARC-EP con la destrucción de la UP, a la que estigmatizaban como su “brazo político”.
Esta alianza entre agentes del Estado y grupos paramilitares fue fundamental para llevar a cabo el exterminio.
La magistrada Catalina Díaz anunció que la JEP se prepara para expedir una segunda decisión en este macrocaso, lo que podría implicar la vinculación de otros oficiales. La calificación de genocidio se fundamenta en que el ataque no solo se dirigió contra individuos, sino contra el grupo político en su conjunto, con la intención de destruirlo.
Los crímenes incluyeron homicidios, desapariciones forzadas, exterminio y desplazamiento forzoso.
Ahora, los militares imputados deberán decidir si reconocen su responsabilidad para acceder a las sanciones propias de la JEP o si, por el contrario, se enfrentan a un juicio adversarial en el que podrían ser condenados a penas de hasta 20 años de cárcel. Esta decisión marca un hito en la justicia transicional colombiana al abordar uno de los episodios más oscuros del conflicto armado y señalar la responsabilidad de altos mandos del Ejército en la persecución política.
En resumenLa JEP ha establecido un precedente judicial al calificar el exterminio de la Unión Patriótica como un genocidio, imputando a generales retirados por su rol en un plan sistemático que buscaba eliminar a un grupo político. Esta decisión no solo busca impartir justicia a miles de víctimas, sino también esclarecer la alianza entre sectores del Estado y el paramilitarismo para cometer crímenes de lesa humanidad.