Las sospechas recaen sobre un adolescente de entre 14 y 17 años, quien es señalado por la comunidad como el principal responsable. La situación escaló a un nivel de violencia extrema cuando se reportó el hallazgo del cuerpo decapitado de un hombre, quien presuntamente sería el acusado del crimen de la menor. Este segundo acto de barbarie habría sido perpetrado por miembros de la comunidad que tomaron la justicia por sus propias manos. Las autoridades se encuentran investigando ambos crímenes, en un ambiente de alta tensión donde el clamor por justicia se mezcla con la violencia y la desconfianza en las instituciones. La familia de la pequeña Shelsy ha pedido celeridad en la investigación, mientras la comunidad sigue movilizada, demandando seguridad y el fin de la impunidad.