Nuevas revelaciones provenientes de archivos incautados a alias ‘Calarcá’, cabecilla de las disidencias de las FARC, han puesto en entredicho al general Juan Miguel Huertas, quien presuntamente se habría reunido con este grupo armado mientras fungía como oficial de operaciones del Batallón de Artillería n.º 4. A pesar de haber sido suspendido por la Procuraduría, el general Huertas continuó en funciones, firmando una resolución para retirar a nueve militares, lo que ha generado una fuerte controversia sobre la aplicación de las sanciones disciplinarias en las Fuerzas Militares. Los documentos, obtenidos en operativos contra las disidencias, exponen una serie de crímenes cometidos por el grupo durante los diálogos de paz con el Gobierno, incluyendo secuestros, reclutamiento de menores y un notable fortalecimiento de su capacidad militar. La información vincula al general Huertas no solo con reuniones con estas estructuras ilegales, sino también con el caso de los 'falsos positivos'.
Durante una audiencia ante la JEP, militares lo señalaron de haber ofrecido armas para incrementar el número de bajas presentadas ilegítimamente en combate. A raíz de estas acusaciones, la Procuraduría ordenó su suspensión, pero el oficial siguió activo, lo que desató un debate sobre la autoridad de las decisiones del Ministerio Público frente a las Fuerzas Armadas.
El presidente Gustavo Petro ha defendido al general, argumentando que no existen pruebas contundentes en su contra.
Esta situación se suma a la complejidad del panorama de seguridad, donde se evidencia que grupos como las disidencias aprovecharon los ceses al fuego para expandir su control territorial y cometer graves violaciones a los derechos humanos, como lo demuestran los archivos de ‘Calarcá’.
En resumenLas revelaciones de los archivos de 'Calarcá' y las acusaciones contra el general Huertas exponen una compleja trama de presuntos nexos entre facciones de la fuerza pública y grupos armados ilegales. La controversia sobre su permanencia en el cargo, a pesar de la suspensión de la Procuraduría, evidencia tensiones institucionales y plantea serios interrogantes sobre la supervisión y la rendición de cuentas dentro de las Fuerzas Militares en el contexto de la 'Paz Total'.