Las siete familias involucradas habían ingresado a Colombia entre el 22 y 23 de octubre procedentes de Nueva York.

La comunidad Lev Tahor, conocida por su estilo de vida apartado, ha enfrentado graves señalamientos internacionales por delitos que incluyen secuestro, abuso infantil y explotación sexual, con varios de sus líderes ya condenados. Alfredo Goldschmidt, gran rabino de Colombia, calificó al grupo como “unos locos que no hacían daño” en sus inicios, pero que ahora son “absolutamente rechazados por todo el judaísmo organizado” y los considera “un grupo de criminales”.

Tras el rescate, los menores fueron puestos bajo la protección del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) en Medellín para recibir atención integral. La directora general de Migración Colombia, Gloria Esperanza Arriero, destacó la articulación interinstitucional y afirmó: “La prioridad absoluta es garantizar la protección de los menores de edad.

Por eso actuamos desde un enfoque preventivo”.

Las autoridades investigan si la secta buscaba establecer una nueva base de operaciones en el país.