Dos soldados profesionales fueron secuestrados, liberados y nuevamente retenidos en La Macarena, Meta, en un confuso incidente que involucra a la comunidad local y a disidencias de las Farc, evidenciando la fragilidad de la autoridad estatal en la región. El incidente comenzó el 3 de noviembre durante una operación del Ejército y el CTI de la Fiscalía en la vereda Getsemaní, donde fue capturada una mujer. Como respuesta, una asonada de cerca de 400 personas, presuntamente coaccionada por el bloque 'Jorge Suárez Briceño' de las disidencias de 'Calarcá', retuvo a dos soldados, Edgar Mina Carabalí y Ángel González Garcés. Los militares fueron despojados de sus uniformes y armas. Tras una mediación humanitaria, los soldados fueron liberados el 4 de noviembre y entregados a un sacerdote.
Sin embargo, mientras vehículos de la OEA se dirigían a recogerlos, la comunidad los volvió a secuestrar. Un comunicado de las comunidades locales condicionó su liberación definitiva a la presencia de la mujer capturada en las negociaciones. El Ejército Nacional rechazó firmemente el secuestro, calificándolo como una violación al derecho internacional humanitario y denunciando el uso de la población civil por parte de los grupos armados para obstruir la acción de la justicia. El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, atribuyó el hecho a una “perversa alianza para fomentar el crimen”.
Finalmente, los soldados fueron liberados por segunda vez y quedaron bajo protección del Ejército.
En resumenEl ciclo de secuestro, liberación y recaptura de dos soldados en Meta ilustra la compleja dinámica de poder en zonas rurales de Colombia, donde grupos armados instrumentalizan a la población civil para presionar al Estado. Este evento subraya los enormes desafíos para la seguridad y la gobernabilidad en territorios con fuerte presencia de economías ilegales y actores armados.