Un juzgado de Medellín ha sacudido el panorama político y judicial al ordenar a la Fiscalía General de la Nación investigar al expresidente Álvaro Uribe Vélez y a su hermano, Santiago Uribe, como presuntos determinadores de los asesinatos de los defensores de derechos humanos Jesús María Valle Jaramillo y Eduardo Umaña Mendoza, ocurridos en 1998. La decisión se desprende de la sentencia condenatoria de 28 años contra José Miguel Narváez, exsubdirector del extinto DAS, por el secuestro de la exsenadora Piedad Córdoba. La jueza tercera penal del circuito especializado de Medellín, Claudia Marcela Castro, basó su compulsa de copias en testimonios y documentos judicializados durante el proceso contra Narváez. Entre las pruebas destaca la declaración del exparamilitar Francisco Enrique Villalba Hernández, quien afirmó haber presenciado una reunión en 1997 en la finca ‘La Marranera’, en Yumbo (Valle del Cauca). Según Villalba, en dicho encuentro participaron jefes de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) como Carlos Castaño y Salvatore Mancuso, junto a los hermanos Uribe y el general (r) Carlos Alberto Ospina, entonces vinculado a la Cuarta Brigada.
En esa reunión, se habría discutido la necesidad de “callar” a Valle, Umaña y al periodista Jaime Garzón por sus denuncias sobre la connivencia entre militares y paramilitares. El expresidente Uribe reaccionó enérgicamente, calificando la decisión de “compulsa miserable por una declaración fantasiosa, investigada hace años, sobre una reunión inexistente”. Sostuvo que la acusación es parte de una persecución política y que una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos desvirtúa los señalamientos en su contra. Por su parte, el presidente Gustavo Petro comentó que la decisión evidencia cómo “desde el poder público se ejercía el crimen en Colombia”.
Los casos de Valle y Umaña, ambos declarados de lesa humanidad, permanecen como símbolos de la violencia contra quienes defendían los derechos humanos durante los años más crudos del conflicto.
En resumenLa orden de investigar a los hermanos Uribe por los homicidios de dos emblemáticos defensores de derechos humanos reabre un capítulo doloroso de la historia de Colombia. Esta decisión judicial, derivada del caso Piedad Córdoba, pone nuevamente en el centro del debate la presunta relación entre élites políticas, agentes estatales y el paramilitarismo, y representa un desafío para la Fiscalía en la búsqueda de la verdad completa sobre crímenes que marcaron a una generación.