Una controversia judicial se desató por el incumplimiento de una orden de tutela que exigía el traslado inmediato de Andrés Felipe Marín Silva, alias ‘Pipe Tuluá’, a la cárcel La Picota de Bogotá. El jefe de la banda ‘La Inmaculada’, solicitado en extradición por Estados Unidos, permaneció recluido en la estación de policía ‘Los Mártires’ a pesar de que un juez había ordenado su reubicación en 48 horas. El pasado 24 de septiembre, el Juzgado Segundo Promiscuo del Circuito de Villanueva, La Guajira, falló una tutela a favor de Marín Silva, argumentando que su reclusión en la estación policial se daba en “condiciones indignas” y que había recibido amenazas de muerte. Por ello, ordenó su traslado al Pabellón de Extraditables de La Picota para garantizar su “vida, seguridad y debido proceso”.
Sin embargo, siete días después, el traslado no se había efectuado, lo que llevó al juez Cristian Camilo López Pontón a requerir explicaciones formales al INPEC y a la Policía Nacional.
El juez conminó a las entidades a cumplir la orden bajo amenaza de sanciones por desacato y posibles acciones penales por fraude a resolución judicial. Cristian Morelli, abogado defensor de ‘Pipe Tuluá’, denunció la existencia de “trabas e impedimentos” para concretar el traslado, señalando que estas vendrían “liderados por personal del Inpec”. Morelli también subrayó la voluntad de su cliente de contribuir al proceso de Paz Total del Gobierno, un factor que, según él, podría estar relacionado con las obstrucciones. El caso pone en tela de juicio la capacidad del Estado para ejecutar decisiones judiciales en casos de alta seguridad.
En resumenUn juez ordenó el traslado de alias ‘Pipe Tuluá’ a La Picota por razones de seguridad, pero el INPEC y la Policía incumplieron el plazo, lo que provocó una acción judicial por desacato. La defensa del cabecilla alega que existen trabas deliberadas por parte de personal penitenciario, posiblemente relacionadas con su interés en colaborar con la Paz Total.