En una operación conjunta de la Policía y el Ejército en Campamento, Antioquia, fueron abatidos cuatro integrantes de las disidencias de las FARC, entre ellos alias 'Guillermino' y 'Román', señalados como responsables directos del ataque que cobró la vida de 13 policías en Amalfi en agosto. Este golpe es considerado una respuesta contundente de la Fuerza Pública a uno de los atentados más graves de los últimos años. El operativo se llevó a cabo en la vereda El Manzanillo, donde las fuerzas de seguridad neutralizaron a los miembros del Bloque Magdalena Medio, bajo el mando de alias 'Calarcá'. Alias 'Guillermino' o 'Zarco' fue identificado como el principal explosivista del Frente 36 y autor material de la preparación del campo minado que afectó el helicóptero Black Hawk de la Policía.
El presidente Gustavo Petro confirmó el resultado y declaró: “mataron a nuestros 13 policías, los perseguimos, los encontramos y cayeron en combate". Sin embargo, el hecho generó una controversia posterior, ya que durante los funerales de los abatidos en los municipios de Campamento y Anorí, se realizaron homenajes con caravanas y banderas de las FARC-EP. El gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón, repudió estos actos, afirmando: “Cuando los asesinos de Policías son paseados como héroes algo está mal en la sociedad. A esto nos ha llevado la paz total de Petro.
Una afrenta a las víctimas”.
Este episodio evidenció el poder simbólico que aún ejercen las disidencias en algunas comunidades.
En resumenLa neutralización de los responsables del atentado de Amalfi representa un éxito operativo para la Fuerza Pública, pero los homenajes póstumos a los criminales abatidos revelan una profunda fractura social. Este contraste pone de manifiesto los complejos desafíos que enfrenta el Estado colombiano en su lucha contra los grupos armados y la dificultad de construir un relato unificado sobre la violencia y la justicia en los territorios.