Sin embargo, la medida “genera sentimientos encontrados” entre los aficionados y directivos.

Por un lado, propicia enfrentamientos de gran rivalidad local con ambiente de final, como el Atlético Nacional vs.

Millonarios.

Por otro, condena a la mitad de los participantes de estos países a una despedida prematura del escenario internacional.

La estructura es clara: cuatro equipos de cada nación son sorteados en dos llaves que se resuelven en un solo partido. La localía se determina por el orden en que salen las bolillas, añadiendo un factor de azar que puede ser determinante. Si el encuentro finaliza en empate, la clasificación se define directamente desde el punto penal, sin prórroga ni gol de visitante.

Para los clubes eliminados, las consecuencias son severas.

Además del impacto deportivo, representa un “golpe económico duro, ya que dejarán de percibir los jugosos premios que otorga la confederación por avanzar de fase”. Este formato, si bien garantiza emoción desde el inicio, pone en jaque los proyectos deportivos y presupuestos de los equipos que no logren superar esta aduana nacional.