Seis años después, el fútbol le ofreció una oportunidad única de redención.

Al fichar por Flamengo, el colombiano se unió al equipo que había sido su verdugo en aquella ocasión.

Llegar nuevamente a la final, esta vez vistiendo la camiseta del 'Mengão', y ganarla, le permitió cerrar un ciclo. La celebración del mediocampista tras el pitazo final fue una muestra de la alegría y el desahogo por haber conquistado finalmente la 'Gloria Eterna'. Este triunfo no solo añade el trofeo más importante del continente a su palmarés, sino que también representa una narrativa de superación y de las vueltas inesperadas que puede dar el fútbol, consagrándose con el mismo club que una vez le negó la gloria.