Ambos equipos llegaron a Lima, Perú, con sus principales figuras disponibles para un duelo que se anticipaba táctico y equilibrado entre dos de los clubes más poderosos del continente.

Los informes previos al partido confirmaron las alineaciones titulares, destacando la presencia de Agustín Rossi en el arco, Giorgian De Arrascaeta como eje creativo y el colombiano Jorge Carrascal en el ataque de Flamengo. Por el lado de Palmeiras, Abel Ferreira apostó por una mezcla de experiencia y potencia con figuras como el capitán Gustavo Gómez, Raphael Veiga y el joven delantero Vitor Roque.

El arbitraje fue asignado al argentino Darío Herrera.

El contexto del partido también generaba interés: Flamengo llegaba como líder de la liga local, mientras que Palmeiras atravesaba una racha de cinco partidos sin victorias, aunque se señaló que este dato sería una anécdota en un partido de tal magnitud. La final fue presentada como un “clásico moderno” y un “choque de estilos”, con un Palmeiras equilibrado y disciplinado frente a un Flamengo explosivo y de gran talento individual.