La final fue descrita como un partido intenso, cerrado y muy disputado, con escasas oportunidades claras de gol para ambos equipos. Desde la previa se anticipaba un duelo táctico, y el desarrollo del juego respondió a esas expectativas, con gran parte de la disputa centrada en el mediocampo. El momento decisivo llegó al minuto 67, cuando tras un tiro de esquina ejecutado por Giorgian de Arrascaeta, el defensor Danilo da Silva se elevó en el área y conectó un cabezazo contundente para marcar el único gol del partido. La tensión se mantuvo hasta el final, con Palmeiras buscando el empate sin éxito.
Vitor Roque desperdició una oportunidad clara mano a mano al minuto 89.
El partido también tuvo momentos polémicos, como una fuerte falta de Erick Pulgar sobre Bruno Fuchs que, para muchos, merecía una tarjeta roja pero fue sancionada solo con amarilla.
Al sonar el pitazo final, la emoción embargó al equipo campeón, y su técnico, el debutante Filipe Luís, no pudo contener las lágrimas.
La victoria consolidó a Flamengo como el nuevo “rey absoluto del continente” en una final que fue “más luchada que jugada”.













