La clave, coinciden, no es la prohibición, sino la moderación y la adopción de hábitos saludables. Los expertos advierten que el problema no radica en los alimentos típicos de la temporada, como la natilla, los buñuelos o las carnes horneadas, sino en la forma y la cantidad en que se consumen. La nutricionista clínica Laura Mendoza enfatiza que "no se trata de prohibir, sino de aprender a escuchar al cuerpo". Entre las recomendaciones principales se encuentra comer despacio, masticar adecuadamente y servirse porciones moderadas para permitir que el cuerpo reconozca las señales de saciedad.
También sugieren equilibrar los platos abundantes con opciones frescas como ensaladas y vegetales, y evitar llegar a la cena con hambre extrema consumiendo una merienda ligera previamente.
En cuanto a las preparaciones, proponen alternativas más saludables, como usar freidoras de aire para los fritos o retirar el exceso de grasa de las carnes. La hidratación constante con agua y la moderación en el consumo de bebidas alcohólicas son otros pilares para una buena digestión. Finalmente, una caminata ligera después de cenar puede ayudar a activar el metabolismo y reducir la sensación de pesadez, permitiendo que las celebraciones sean placenteras y libres de malestar.













