A lo largo del país surgen iniciativas que ponen en valor este legado.
En Cali, el restaurante Amasijo nace como un homenaje a la memoria familiar de sus fundadores, funcionando como un "laboratorio culinario" que une las tradiciones del Pacífico y la región Andina, con el maíz como ingrediente simbólico. Por otro lado, en Popayán, un proyecto de fortalecimiento socioeconómico impulsa a mujeres rurales y urbanas a través de la cocina ancestral del Pacífico caucano, convirtiéndola en una fuente de ingresos y preservación cultural. Estas experiencias son respaldadas por la labor de chefs como Rey Guerrero, cuyo libro "Sabores de resistencia" ha sido reconocido internacionalmente por documentar y dignificar la gastronomía del Pacífico colombiano.
Guerrero afirma que esta cocina "no es una moda, ni una excentricidad para menús exóticos", sino una expresión profunda de una cultura.
Estas iniciativas demuestran que la cocina ancestral es un pilar fundamental que conecta el territorio, la historia y el bienestar social, fortaleciendo la economía local y dignificando el trabajo de quienes conservan estas tradiciones.













