Este movimiento también ha permitido que platos tradicionales, antes considerados caseros o populares, sean reinventados con técnicas sofisticadas y presentados en escenarios de lujo, alcanzando un nuevo estatus.

La apuesta por lo local va más allá del plato, pues ha impulsado una relación directa y de comercio justo con pequeños productores y comunidades rurales, garantizando la trazabilidad y la calidad de los ingredientes. El cacao fino de aroma y los cafés de especialidad son otros ejemplos de cómo productos nativos de alta calidad se han convertido en símbolos de exclusividad. Esta filosofía culinaria construye una narrativa de territorio, cultura y esfuerzo en cada preparación, ofreciendo una experiencia de lujo que es a la vez auténtica y consciente.