Durante diciembre, su demanda se dispara, duplicando la comercialización y generando nuevas tendencias culinarias.
La importancia de estos platos se manifiesta en múltiples dimensiones. Culturalmente, su origen en la “cocina tradicional campesina” y su papel en las novenas los convierte en un “patrimonio vivo”, como lo reconoce el Ministerio de Cultura, que fortalece los lazos familiares y comunitarios. Esta profunda raigambre cultural se traduce en un impresionante impacto económico durante la temporada.
Cifras como las de la cadena Sr. Buñuelo, que pasa de vender 750.000 a 1,5 millones de unidades, o las del Grupo Éxito, que comercializa cuatro millones, ilustran cómo una tradición se convierte en un mercado masivo que genera empleo e ingresos a gran escala.
Al mismo tiempo, esta tradición no es estática; está en constante evolución.
La aparición de recetas innovadoras como el “postre de buñuelo” o la “torta de buñuelo” demuestra la capacidad de la gastronomía colombiana para adaptarse y reinventarse. Estas nuevas preparaciones, que se popularizan en redes sociales y medios, atraen a nuevas generaciones y aseguran la vigencia de los sabores tradicionales en formatos contemporáneos.
Así, el buñuelo y la natilla encarnan la dinámica de la cultura colombiana: un profundo respeto por el pasado que convive con una vibrante creatividad.








