Estos reconocimientos reflejan una nueva era de apreciación por las propuestas culinarias del país, que investigan y enaltecen la biodiversidad nacional.
El doble triunfo en la prestigiosa lista marca un punto de inflexión para la alta cocina colombiana. Por un lado, la coronación de El Chato, de Álvaro Clavijo, como el mejor restaurante de América Latina es la culminación de años de trabajo y reconocimiento creciente, posicionando a Bogotá como una capital gastronómica de primer nivel. Por otro lado, el ingreso de Afluente directamente al puesto 34 es igualmente revelador, pues representa el éxito de una nueva generación de cocinas con un enfoque marcadamente sostenible y científico. La filosofía de Afluente, centrada en “investigar, junto a biólogos y su equipo de cocina, lo que pasa en los páramos de Colombia”, resuena con una tendencia global que valora la sostenibilidad, el producto local y la conexión con el territorio. Este enfoque, que prioriza el cuidado de ecosistemas vitales como los páramos, no solo resulta en una propuesta culinaria única, sino que también crea una narrativa poderosa que atrae la atención internacional. El hecho de que un restaurante con este perfil haya escalado posiciones tan rápidamente confirma que la identidad de la cocina colombiana contemporánea se está forjando en la intersección entre biodiversidad, investigación y técnica culinaria, un modelo que promete seguir cosechando éxitos.








