Esta época se consolida como un periodo clave para la innovación culinaria y el consumo.

Los hoteles de alta gama, como la cadena Hilton en Bogotá, Corferias y Cartagena, han diseñado experiencias exclusivas para las celebraciones.

Sus planes incluyen cenas de gala, fiestas temáticas y buffets con precios que oscilan entre $420.000 y $940.000 por persona, dirigidas a un público que busca celebrar fuera de casa con sofisticación.

Por otro lado, la gastronomía popular también se transforma.

Desde noviembre, las calles colombianas reflejan un ambiente predecembrino con una mayor oferta de buñuelos, natilla, hojuelas y tamales, sabores que anuncian la cercanía de las festividades. En el ámbito doméstico y de restaurantes, la creatividad se manifiesta en la adaptación de recetas clásicas. Propuestas como el “cheesecake de natilla” o el tradicional arroz con leche navideño muestran un interés por sorprender sin abandonar la tradición. Incluso las bebidas se suman a la tendencia, con la aparición de cócteles festivos a base de café como el “Minted Coffee Mule” o lattes aromáticos como el “Golden Hibiscus Latte”, que ofrecen alternativas sofisticadas al tradicional ponche. Paralelamente, surge una conversación sobre cómo disfrutar de esta abundancia de manera saludable, con recomendaciones de nutricionistas para moderar el consumo de harinas, grasas y azúcares, optando por porciones más pequeñas o métodos de cocción alternativos como hornear los buñuelos en lugar de freírlos. Esta confluencia de ofertas demuestra la centralidad de la comida en las celebraciones colombianas, abarcando todos los niveles socioeconómicos y fomentando tanto la tradición como la innovación.