A raíz de esto, los jóvenes fueron judicializados y acusados de terrorismo, viéndose forzados a huir. La producción es descrita como un “impecable testimonio de verdad y justicia” que mezcla elementos de thriller judicial y drama romántico. A través de la investigación de una abogada y una experta técnica, el documental expone las presuntas irregularidades del sistema judicial y cómo el registro audiovisual ciudadano se convierte en una herramienta de defensa y resistencia. La obra interpela directamente sobre el significado de la justicia en un contexto de manipulación informativa y pone en evidencia el costo humano de la protesta, convirtiéndose en un archivo que desafía la narrativa oficial sobre los hechos del estallido social.