Cartagena ha marcado un hito histórico al prohibir definitivamente la circulación de carrozas de tracción animal en su Centro Histórico, reemplazándolas por coches eléctricos. Esta medida, celebrada por defensores de los animales y gran parte de la ciudadanía, busca modernizar el turismo y poner fin a décadas de denuncias por maltrato animal. La transición se materializó con la llegada de los primeros 24 de un total de 62 coches eléctricos que operarán en la ciudad. El inicio de su operación fue recibido con gran entusiasmo; en solo tres horas, más de 500 personas, entre locales y turistas, hicieron largas filas para estrenar el nuevo sistema, cuyo servicio será gratuito durante los primeros meses.
El alcalde Dumek Turbay Paz lideró la iniciativa, afirmando que "bajo ninguna circunstancia permitiremos ninguna forma de maltrato animal" y que la medida marca "un antes y un después en la historia de la ciudad".
El proyecto no solo busca el bienestar de los caballos, sino también dignificar el oficio de los cocheros, quienes serán los conductores de los nuevos vehículos. Sin embargo, la transición no ha estado exenta de conflictos. Un sector de la Asociación Cartagenera de Cocheros (Asocarcoch) ha anunciado marchas y huelgas de hambre, argumentando que no fueron tenidos en cuenta y que los nuevos coches no serán de su propiedad, sino de la Alcaldía, lo que podría precarizar su situación a futuro. A pesar de esta oposición, el Distrito ha socializado el proyecto con otros cocheros que sí aceptaron la iniciativa, resolviendo dudas sobre rutas y horarios.
En resumenLa implementación de coches eléctricos en Cartagena representa un avance significativo hacia un turismo más sostenible y ético. Aunque enfrenta la resistencia de un sector de los cocheros, la medida ha sido ampliamente celebrada como una victoria para el bienestar animal y la modernización de la ciudad.