De esta manera, el examen de Estado dejará de ser una fotografía exclusiva del rendimiento académico para ofrecer un perfil más completo del estudiante, valorando no solo lo que sabe, sino también cómo siente, piensa y convive. Esta iniciativa representa un giro en la concepción de la calidad educativa en el país, alineándose con tendencias globales que priorizan el desarrollo humano integral como un pilar fundamental de la educación.