Mientras muchos buscaban refugio, doña Yaneth, con su delantal puesto, se plantó frente a ellos y les exigió respeto por su comunidad y su sustento. Su imagen, enfrentándose sin armas a quienes ocultaban su rostro, se viralizó y resonó en todo el país como un acto de coraje moral.

Ella representa a la “Colombia invisible” que se levanta a diario para trabajar honestamente.

Durante años, su puesto de empanadas y arepas ha sido su medio para educar a sus hijos, una hazaña para muchos trabajadores informales.

La decisión del Concejo de Bogotá de otorgarle este título trasciende lo protocolario, enviando un potente mensaje político y social. Es un reconocimiento a la dignidad de los trabajadores informales y a la valentía de una ciudadana que se negó a permitir que el caos y la violencia destruyeran lo que a su comunidad le ha costado construir. Su historia es la de una heroína anónima que, con su firmeza, demostró que la autoridad moral puede ser más fuerte que la violencia.